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CÁPSULA

Ciudad Universitaria

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Para entender este coloso de piedra y espíritu, debemos viajar primero al centro de la ciudad, a las calles de Justo Sierra y San Ildefonso. Ahí, fraccionada en edificios coloniales, latía la Real y Pontificia Universidad, heredera de una tradición de siglos pero que ya no cabía en su propio cuerpo. Fue una iniciativa que comenzó a gestarse con fuerza bajo el mandato de Porfirio Díaz, quien en 1910, durante las fiestas del Centenario, inauguró la Universidad Nacional. Sin embargo, el sueño de una "ciudad" dedicada al saber tuvo que esperar décadas para encontrar su verdadero hogar aquí, en el sur, sobre la lava fría del Xitle.

Lo que hoy recorre usted es una de las hazañas arquitectónicas más ambiciosas del siglo XX. Inaugurada formalmente en los años 50, Ciudad Universitaria no es solo un campus; es una metrópoli cultural que abarca más de 7 millones de metros cuadrados. Para que se dé una idea de su magnitud, es más grande que muchas ciudades pequeñas de Europa y es, por mucho, la universidad más extensa de México y un referente mundial. Su diseño fue tan revolucionario que en 2007 la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad, reconociendo que aquí el modernismo internacional se casó para siempre con la identidad mexicana.

Fíjese en los detalles que el ojo distraído olvida. La Biblioteca Central no es solo un edificio de archivos; es el mural de mosaico más grande del mundo, obra de Juan O'Gorman, quien utilizó miles de piedras de colores traídas de todos los rincones de México para que el edificio no necesitara pintura, sino que fuera eterno. Y si hablamos de datos curiosos, debe saber que el Estadio Olímpico Universitario, visto desde el aire, imita la forma del cráter de un volcán, y su relieve de Diego Rivera, hecho con piedras de colores naturales, quedó inconcluso, recordándonos que la cultura es una obra que nunca termina de esculpirse.

Caminar por "Las Islas" o perderse en el Espacio Escultórico es entender que esta ciudad se construyó sobre el Pedregal, respetando la roca volcánica para demostrar que la razón puede florecer incluso sobre el fuego petrificado. Es un lugar que ocupa los primeros puestos en los rankings mundiales de belleza y excelencia académica en Iberoamérica, un sitio donde cada pasillo y cada mural de Siqueiros o Eppens tiene una carga política y social que nos susurra: "Por mi raza hablará el espíritu".

Le invito a que no se quede solo en la superficie. Entre a la Biblioteca Central y sienta el aroma de los libros antiguos, camine hasta el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) para ver el contraste entre lo clásico y lo disruptivo, y si tiene tiempo, siéntese un momento en las gradas del Estadio. No es solo una visita escolar; es una inmersión en la utopía hecha realidad. Visite cada rincón de Ciudad Universitaria, porque aquí, entre la piedra y el saber, las piedras hablan.