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CÁPSULA

Tlalpan

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Bienvenido a Tlalpan, el "lugar sobre la tierra", donde el aire se siente más fresco y el ritmo de la ciudad finalmente se rinde ante la calma de la montaña. Caminar por estas calles de piedra volcánica es entrar a un refugio que, por siglos, fue el secreto mejor guardado de la aristocracia virreinal y de los viajeros que buscaban un respiro antes de seguir su camino hacia el sur.

Deténgase un momento en la Plaza de la Constitución, en el Centro de Tlalpan. Observe los fresnos y las fachadas de los portales; aquí, entre los siglos dieciocho y diecinueve, se celebraban las ferias más famosas de la Nueva España, donde la suerte se jugaba en los gallos y la elegancia se paseaba bajo los portales. La historia de este suelo comenzó mucho antes, en la zona arqueológica de Cuicuilco, donde se levanta uno de los primeros y más importantes basamentos circulares de Mesoamérica, testigo de una civilización que floreció antes de que la lava del Xitle lo cambiara todo.

No muy lejos de aquí, la Parroquia de San Agustín de las Cuevas nos observa con su sobriedad barroca. Construida sobre un antiguo asentamiento prehispánico, sus muros guardan el eco de las oraciones de los frailes dominicos que transformaron este rincón del pedregal en un oasis de fe y cultura. Tlalpan fue, incluso, la capital del Estado de México, y ese peso político se nota en la dignidad de sus casonas y en la majestuosidad de sus patios interiores, ocultos tras muros altos que parecen celosos de su propia historia.

Le invito a perderse por sus calles estrechas y a buscar la sombra de sus plazas. Aquí, el pasado no es un recuerdo, es una presencia que nos acompaña en cada paso. Disfrute de la paz de este pueblo que decidió quedarse suspendido en el tiempo, y no deje de visitar la Zona Arqueológica de Cuicuilco; ahí, frente a su gran basamento circular, podrá tocar el origen mismo de este valle y comprender por qué Tlalpan es, desde hace milenios, el corazón del sur.