Murmullos México
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CÁPSULA

San Ángel

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Párese usted un momento aquí, en el corazón de la Plaza de San Jacinto. Respire el aire de San Ángel y mire con atención este empedrado de piedra volcánica. No es solo suelo; es la huella del Xitle, el volcán que hace siglos decidió que este rincón de la ciudad tendría un carácter eterno. Aquí, bajo la sombra de las jacarandas, se respira la raíz de nuestra historia.

Si hoy fuera sábado, este lugar sería un festín de colores con su famoso Bazar, ese refugio de artistas que desde los años 60 define el buen gusto de este barrio. Pero hoy, en la calma, la plaza nos cuenta otras cosas: nos habla de los dominicos que cimentaron aquí su fe en el siglo XVI y de los valientes del Batallón de San Patricio que aquí mismo se convirtieron en leyenda. Es lo que en nuestro proyecto llamamos Nelhuayotl: la esencia que no se borra.

Ahora, mire esa casona que parece observarnos desde la esquina. Es la Casa del Risco. Lo que tiene frente a sus ojos no es una simple fachada; es un escenario donde la historia decidió volverse íntima. Al cruzar ese umbral, se encontrará con un prodigio: la fuente del patio. Es una cascada de porcelana, conchas y restos de vajillas de la Nao de China y de Alcora. Es el Barroco en su estado más puro: el exceso convertido en belleza.

Pero no se deje engañar por el brillo de la talavera; estas paredes también supieron de dolor. Durante la invasión norteamericana, este lugar fue hospital y cuartel, y sus muros aún guardan el eco de los rezos apurados de aquellos días oscuros. Imagine a Manuel Payno, ese gran cronista, conspirando en estas habitaciones mientras el chocolate humeaba en su taza, vigilando la plaza desde la torre, no solo por estrategia, sino por ese chisme elegante de los domingos.

Antes de seguir su camino, le invito a que entre. Suba la escalera, recorra sus salas de pintura y busque a la sirena tallada entre las conchas de la fuente; ella sabe que en este México nuestro, nada es para siempre... excepto la memoria. Disfrute usted del Risco, aprecie su arquitectura y déjese envolver, que en San Ángel, las piedras hablan.