Bienvenidos al kilómetro cero, el corazón de este gigante joven llamado México. Antes de perdernos en la historia, vamos a ubicarnos, porque este espacio es inmenso y cada muro tiene un nombre. Ubique primero la Catedral Metropolitana, ese edificio colosal con dos torres que domina el horizonte. Esa será nuestra guía. Si usted se para frente a ella, mirando hacia sus puertas, ya tiene el mapa de la nación en sus manos.
A su mano derecha, extendiéndose con su fachada de piedra roja, está el Palacio Nacional. Es el sitio donde late el poder civil y donde, cada 15 de septiembre, el balcón central se convierte en el epicentro de la patria. Ahora mire hacia la derecha de la Catedral, justo en esa esquina donde termina el edificio y parece abrirse un hueco hacia el pasado. Ahí es donde se encuentra el Templo Mayor. Le invito a que no solo lo observe desde la valla; entre a su museo. Es una experiencia fascinante porque el edificio se levanta sobre y entre la zona arqueológica, permitiéndole descender por pasarelas que flotan sobre las ruinas originales del centro del universo mexica.
A sus espaldas, cerrando la plaza, verá los edificios del Gobierno de la Ciudad y a su izquierda, los portales que invitan al comercio y al descanso. Ya ubicado, camine conmigo. Note que bajo sus pies, especialmente cerca de la Catedral, el pavimento se interrumpe con cristales. Son las ventanas arqueológicas, mirillas que le permiten ver las estructuras prehispánicas que laten justo debajo de nuestros pasos modernos. Son portales que nos recuerdan que la ciudad actual es solo la piel de una historia mucho más profunda.
En estas calles del cuadro uno, la ciudad fue testigo del mestizaje a través de la comida. Aquí se fundieron los sabores de dos mundos en una alquimia que hoy es nuestra identidad. No fue un romance, fue un encuentro crudo que dio vida al sabor de México entre estos mercados y conventos. Si tiene la suerte de estar aquí un 15 de septiembre, verá este espacio transformarse con su iluminación monumental. La plaza se ilumina por la noche con los fuegos artificiales de la celebración de Independencia y el grito de "¡Viva México!" desde el balcón de Palacio Nacional es coreado por miles de mexicanos que se dan cita en el Zócalo. No se apresure, quédese un momento. Deje que el caos lo envuelva y sienta cómo, en este corazón de piedra, las piedras hablan.
